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El fenómeno de la comida a domicilio

Sin restaurantes, hornos, ni camareros, se están convirtiendo en los operadores globales más grandes de la hostelería

 

Los hábitos alimenticios están cambiando, y son cada vez más los adeptos que se suman a las plataformas de transporte a domicilio como Just Eat, Delivery Hero, GrubHub, o Takeaway, las actuales líderes del mercado con un valor en bolsa de 21.000 millones de euros en total.

Grandes franquicias como McDonald´s, Telepizza, KFC, y Vips, ya se han sumado a estas plataformas digitales. En 2017, gracias a estos servidores, se llegaron a abrir 450 nuevos locales que facturaron en torno a 10.650 millones. Es decir, un 6,4% más con respecto al año anterior.

El elemento clave en toda esta operación es el smartphone, con el cual los pedidos han aumentado en un 48% durante el pasado año. A pesar de este incremento, los pedidos a domicilio solo suponen el 3% de la facturación total.

Como sucedería con cualquier PYME, la mayoría de estas grandes empresas están dando pérdidas ya que aún necesitan tener una estructura potente. Según afirman algunos representantes de estas firmas, se está creando un modelo sostenible con vistas de futuro, y por ello desean asegurarse que lo están haciendo bien.

Existen grandes dudas sobre cuál debe ser el modelo a seguir; logística propia, o encargarla a terceros. Grandes franquicias como Telepizza, Foster´s Hollywood o la gran mayoría de restaurantes chinos tienen sus propios sistemas de reparto desde hace años. A finales de 2014, Burguer King inauguró su propio servicio a domicilio en lo que atisbaba una nueva etapa en la hostelería. En cambio, su principal rival, McDonald’s, ha puesto su confianza en el servicio de reparto Glovo para ganarse a los más rezagados.

Tanto Just Eat, Deliveroo, como Glovo, dan acceso a sus clientes a comparar ofertas, compartir opiniones, y realizar pedidos de forma instantánea. La gran ventaja de estos servidores es que construyen sus propias redes logísticas, y las ofertan a pequeños bares y restaurantes que no tienen medios para ofrecer un servicio propio de transporte.

El principal inconveniente para estos es la velocidad de la entrega. De esta depende la valoración del cliente, y su consiguiente recomendación y prescripción. Un factor muy a tener en cuenta es que estos servidores usan bicicletas para llevar sus pedidos, por lo que el tiempo de espera puede ser un poco mayor, además de ser más peligroso para sus trabajadores. El coste del servicio para los clientes es de entre 1,9 y 2,5 euros por pedido.

A pesar de que les augura un futuro brillante, estas compañías aún tienen muchas cosas importantes por pulir, como modelos de contrato más equitativos que se ajusten a la legalidad vigente española, y otras múltiples mejoras laborales.

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